Mañana 3 de diciembre se conmemora el día internacional de las personas con discapacidad. Recordar este día demuestra que todavía queda mucho por hacer si de verdad verdadera tenemos intenciones de vivir en una sociedad integrada. Si bien reconozco que en nuestra ciudad se ha avanzado en este tema, la falta de acceso para personas con movilidad reducida, sigue siendo todavía un problema vigente, que suele verse agravado frente a la indiferencia de algunas personas que todavía no entienden que las rampas y los lugares señalizados para discapacitados, son tierra sagrada, que tienen que respetarse sí o sí, que no hay que excusa que valga. Cuando pienso en todo esto, siempre llego a lo mismo. Siento que el problema radica en que no sabemos ponernos en el lugar del otro. Si esas personas que no respetan los accesos supieran a las enormes dificultades que nos exponen a los que nos trasladamos en silla de ruedas o a los que simplemente no pueden movilizarse de una manera plena como ellos, estoy segura de que al menos lo pensarían dos veces antes de hacerlo.
En lo que a mi respecta y como cada año me gusta hacerlo, elijo esta fecha, para expresar mi sentimiento que obviamente va un poco bastante mucho más allá de estas simples palabras. En primer lugar quiero agradecer a mis amigos y familiares que tanto me ayudan con mi silla de ruedas. También quiero dar las gracias de una manera muy especial a todas esas personas anónimas y de buen corazón -la contracara de esas otras indiferentes- que suelo encontrar en la calle, que saben estar "atentas" y que sin prejucios y con mucha buena onda, se acercan desinteresadamente, dispuestas a ofrecer su ayuda.
Y para terminar este post y porque en está vida hay que saber ser agradecido, quiero dedicar estas lineas a mi silla de ruedas, la que después de todos estos años, pareciera haber tomado vuelo propio. La pobre que tan mala prensa tiene, que se banca tantas miradas inoportunas y comentarios innecesarios, que vive llena de harina, dulce de leche, crema y merengue, ha sabido ser más que generosa conmigo. Es que a pesar de no haber sido fácil y del tiempo que nos llevó hacernos amigas, ella, mi "ex enemiga", terminó convirtiéndose en mi gran aliada, mi confidente, en mi guía de las cosas que de verdad importan en esta vida, en esa compañera de lucha inseparable dispuesta a hacer hasta lo imposible para que mi anhelo de poder criar a mis hijos y seguir adelante con mi vida de la manera más digna posible, se hiciera realidad.
Y para terminar este post y porque en está vida hay que saber ser agradecido, quiero dedicar estas lineas a mi silla de ruedas, la que después de todos estos años, pareciera haber tomado vuelo propio. La pobre que tan mala prensa tiene, que se banca tantas miradas inoportunas y comentarios innecesarios, que vive llena de harina, dulce de leche, crema y merengue, ha sabido ser más que generosa conmigo. Es que a pesar de no haber sido fácil y del tiempo que nos llevó hacernos amigas, ella, mi "ex enemiga", terminó convirtiéndose en mi gran aliada, mi confidente, en mi guía de las cosas que de verdad importan en esta vida, en esa compañera de lucha inseparable dispuesta a hacer hasta lo imposible para que mi anhelo de poder criar a mis hijos y seguir adelante con mi vida de la manera más digna posible, se hiciera realidad.
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